Sesión del Seminario : 24 de enero de 2008
En esta sesión se recapitularon los índices de un proceso depresivo tal y como la psiquiatría lo indica : retraimiento, disminución del apetito, lentitud, alergatamiento, trastorno del sueño y de la alimentación, entre otros.
La medicina reconoce distintos modos de presentarse : leve, grave, distimica, ciclotimica, estacional, trastorno bipolar y trastorno maníaco-depresivo.
La psiquiatría reconoce un desequilibrio en el metabolismo cerebral,un trastorno químico que aparece conjuntamente con el estado de ánimo de la depresión. El ser funcional y ser conjuntas en su aparición, hacen que reconozcan la imposibilidad de discriminar científicamente la causa.
Por tanto afirman que el tratamiento medicamentoso, así como los cambios en la vida del sujeto ya bien sean casuales, buscados en un proyecto o logrados por una psicoterapia, modifican de igual modo la química cerebral, con lo cual queda bajo la decisión del sujeto el modo (que remite a la ética) de ponerle solución a lo solucionable.
El terapeuta será el que indique si es necesario un uso combinado de ambos tratamientos. Esto quedó para ser trabajado en la próxima sesión.
Se utilizó la expresión :terapia conversacional que utilizan los psiquiatras, para recordar que el psicoanálisis es una terapia especial y que no es conversacional. Que haga uso de la palabra como medio de trabajo, no se justifica de que se hable de una conversación .
En una conversación están dos personas y en una sesión de psicoanálisis hay dos cuerpos pero no dos personas hablando.
Uno es el sujeto que despliega su inconsciente y el analista es Otro (del código, de lo simbólico, de la palabra) que a su vez en su lugar de “a” ( causa y motor) que desencadena el deseo del sujeto tanto de hablar y de continuar su trayecto analítico como de vivir y de despertar sus anhelos . El analista como persona no tiene lugar en la sesión, presta su cuerpo, sus palabras y su ser que otorgará su juicio íntimo en el proceso de la interpretación.
Deberá estar fuera de la escena y poniendo en juego su deseo de analista para no estorbar sino facilitar la tarea del análisis mismo.
Así se llega al caso de Luis Izcovich en su libro “La depresión en la modernidad” en el que nos relata los tres tiempos de una viñeta clínica que permite una modificación de una depresión banal a una depresión en transferencia y lo que esto representa para su curación. Quedó para ser retomado en la próxima sesión.
No olvidemos que una depresión es una inhibición que para ser analizada debe transformarse en un síntoma analítico que reconoce la angustia de la que la inhibición (depresión) nada quería saber.
Próxima sesión: 7 de febrero y luego el 21 del mismo mes.
La medicina reconoce distintos modos de presentarse : leve, grave, distimica, ciclotimica, estacional, trastorno bipolar y trastorno maníaco-depresivo.
La psiquiatría reconoce un desequilibrio en el metabolismo cerebral,un trastorno químico que aparece conjuntamente con el estado de ánimo de la depresión. El ser funcional y ser conjuntas en su aparición, hacen que reconozcan la imposibilidad de discriminar científicamente la causa.
Por tanto afirman que el tratamiento medicamentoso, así como los cambios en la vida del sujeto ya bien sean casuales, buscados en un proyecto o logrados por una psicoterapia, modifican de igual modo la química cerebral, con lo cual queda bajo la decisión del sujeto el modo (que remite a la ética) de ponerle solución a lo solucionable.
El terapeuta será el que indique si es necesario un uso combinado de ambos tratamientos. Esto quedó para ser trabajado en la próxima sesión.
Se utilizó la expresión :terapia conversacional que utilizan los psiquiatras, para recordar que el psicoanálisis es una terapia especial y que no es conversacional. Que haga uso de la palabra como medio de trabajo, no se justifica de que se hable de una conversación .
En una conversación están dos personas y en una sesión de psicoanálisis hay dos cuerpos pero no dos personas hablando.
Uno es el sujeto que despliega su inconsciente y el analista es Otro (del código, de lo simbólico, de la palabra) que a su vez en su lugar de “a” ( causa y motor) que desencadena el deseo del sujeto tanto de hablar y de continuar su trayecto analítico como de vivir y de despertar sus anhelos . El analista como persona no tiene lugar en la sesión, presta su cuerpo, sus palabras y su ser que otorgará su juicio íntimo en el proceso de la interpretación.
Deberá estar fuera de la escena y poniendo en juego su deseo de analista para no estorbar sino facilitar la tarea del análisis mismo.
Así se llega al caso de Luis Izcovich en su libro “La depresión en la modernidad” en el que nos relata los tres tiempos de una viñeta clínica que permite una modificación de una depresión banal a una depresión en transferencia y lo que esto representa para su curación. Quedó para ser retomado en la próxima sesión.
No olvidemos que una depresión es una inhibición que para ser analizada debe transformarse en un síntoma analítico que reconoce la angustia de la que la inhibición (depresión) nada quería saber.
Próxima sesión: 7 de febrero y luego el 21 del mismo mes.

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