EL PSICOANALISIS EN EL SIGLO XXI

El psicoanálisis ya cumplió un siglo de existencia. ¿Qué significa eso? Significa que pudo nacer luego de la caída de la predominancia histórica del pensamiento religioso, la aparición del pensamiento cartesiano y la extensión de la ciencia.


Ambos son, sin embargo, sus grandes enemigos, porque o bien dejan de lado al sujeto o bien lo desresponsabilizan de sus actos.


Tampoco lo favorece nada el discurso de época, el discurso capitalista, un discurso que homogeiniza el goce y que pretende imponer una forma de goce general para todos los sujetos, procurando incluso anular las diferencias de los sexos.


El psicoanálisis , sin embargo, responsabiliza al sujeto de sus actos sin lo cual no hay rectificación posible, pretende resaltar la diferencia absoluta del Uno por Uno y le da un lugar de privilegio al sujeto, haciendo de la estructura de cada uno el responsable del destino de una vida.


Los psicoanalistas están muy preocupados por la supervivencia del psicoanálisis, cosa curiosa ¿verdad? Que se preocupen tanto por ello. Mientras haya inhibidos, sintomatizados o angustiados el psicoanálsis seguirá en plena vigencia si se lo sabe adaptar al tiempo en que se vive, si se lo actualiza a la época en que nos toco vivir y si se hace de él una transmisión adecuada. Esa es nuestra apuesta, la mía personal y la de quienes formamos este equipo.

lunes, 2 de junio de 2008

Duelo y Melancolía 2. Seminario: La Depresión

En esta parte Freud se pregunta por la manía y también por la tendencia a la ambivalencia que existe en la melancolía. Vimos coomo la melancolía tomao una parte de los caracteres del dueloy otra, del proceso de la regresión a la elección de objeto narcisista, viene a a añadirse ahora la tendencia a que surja el conflicto de ambivalencia puesto que, la pérdida del objeto erótico es una excelente ocasión para hacer surgir la ambivalencia de las relaciones amorosas.

A partir de aquí Freud piensa en el conflicto de ambivalencia que se origina, a veces por experiencias reales y otras por factores constitucionales y concluye que ha de tenerse muy en cuenta en las premisas de la melancolía. De este modo, la carga erótica del melancólico hacia su objeto experimenta un doble destino. Una parte de ella retrocede hasta la identificación narcisista y la otra bajo el influjo del conflicto de ambivalencia, hasta la fase sádica cercana a este conflicto. Y esto dice Freud es lo que aclara el enigma de la tendencia al suicidio, que tan interesante y tan peligrosa hace a la melancolía.

Pero la peculiaridad más singular de la melancolía es su tendencia a transformarse en manía, o sea en un estado sintomáticamente opuesto. Sin embargo, no toda melancolía sufre esta transformación. Algunos casos no pasan de recidivas periódicas, cuyos intervalos muestran cuanto más un ligerísimo matiz de manía. Otros presentan aquella alternativa regular de fases melancólicas y maniacas, que constituye la locura cíclica.



En la manía, tiene que haber dominado el yo la pérdida del objeto o el duelo producido por dicha pérdida o quizá al objeto mismo. Quedando así la libido libre. El maniaco nos evidencia su emancipación del objeto que le hizo sufrir, emprendiendo con hambre voraz nuevas cargas de objeto. Pero se nos plantea la pregunta de.. Si el duelo normal supera también la pérdida del objeto, y absorbe, mientras dure, igualmente todas las energías del yo ¿por qué no surge en ella ni el más leve indicio de la condición económica, necesaria para la emergencia de una fase de triunfo consecutiva a su término?.

De las tres premisas de la melancolía, la pérdida del objeto, la ambivalencia y la regresión de la libido al yo, volvemos a hallar las dos primeras en los reproches obsesivos consecutivos al fallecimiento de una persona. En este caso, la ambivalencia constituye incuestionablemente el motor del conflicto, y comprobamos que, acabado el mismo, no surge el menor indicio de triunfo como en el estado de manía. De este modo hemos de reconocer que el tercer factor es el único eficaz. Aquella acumulación de carga, ligada al principio, que se libera al término de la melancolía y hace posible la manía, tiene que hallarse relacionada con la regresión de la libido al narcisismo.

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